HIGIENE INFANTIL, NADA COMO EL EJEMPLO
Olga Silva
¿Qué madre no se enorgullece de que sus hijos
sean reconocidos como limpios, aseados o pulcros? Los hábitos de higiene
son una tradición que se hereda de generación a generación,
los cuales deben ser reconocidos como la primera defensa ante posibles problemas
de salud.
Hacer entender a los niños que las diversas técnicas
de limpieza no son capricho de los padres es una tarea compleja. Se trata de
inculcar buenos hábitos higiénicos que acompañarán
a los chicos durante toda su vida, y que servirán como base para que
obtengan seguridad y aceptación social.
El primer gran paso para lograrlo es predicar con el ejemplo
y guiarlos para que imiten lo que usted hace, siempre buscando que el momento
sea grato, sin reprimenda o castigos. Que tal sugerirle de manera sutil: "Qué
agradable es estar limpio y fresco, ¿quieres darte un baño?".
Lo siguiente es hacerles notar que llevarlo a cabo es muy grato, de forma que
inmediatamente lo vincularán con placer, o bien con diversión,
si es que se recurre a hacerles reír como método para atraerlos
al aseo diario, lo cual en la mayoría de casos resulta de gran utilidad
en los más pequeños.
En los mayorcitos es importante explicarles en forma amorosa
las ventajas de mantenerse limpios y sus gratas consecuencias, como sensación
de bienestar, buen olor corporal y prevención de enfermedades en órganos
como piel, ojos, oídos, dientes, genitales, nariz, uñas, estómago
e intestinos.
0 a 18 meses
Bien, pero yendo por partes, lo primero es aprender como padres a asear al bebé,
quien depende absolutamente de nosotros. Así, es de vital importancia
bañar al pequeño diariamente, ya que así se favorece el
proceso de transpiración de la piel, se retiran bacterias y se les proporciona
confort. Para ello, resulta conveniente frotar delicadamente el cuerpo del bebé
con esponja suave, previamente enjabonada, poniendo especial atención
en pliegues y genitales; el lavado del cabello debe realizarse con las yemas
de los dedos y no con las uñas. No olvide usar jabones y shampoos infantiles
y agua tibia, además de procurar que no queden rastros de espuma. Una
vez terminado el baño debe secarse al menor con sumo cuidado, cerciorándose
que todo su cuerpo quede seco, para posteriormente hidratar su piel con alguna
loción, aceite o crema. Igualmente importante es atender cada uno de
los siguientes órganos del pequeño:
Oídos. Presa fácil
del ataque de microorganismos, por lo cual, el propio cuerpo produce cerumen
(cerilla), sustancia de color amarillo que protege de los mencionados gérmenes.
No es raro que la sustancia se acumule y llegue a tapar parcial o totalmente
el canal auditivo, por lo cual es necesario retirarla con ayuda de un hisopo
impregnado con aceite, pero se debe procurar que la limpieza sea superficial,
ya que si dicho implemento se introduce profundamente existe el riesgo de lastimar
al tímpano (responsable de recibir las ondas de sonido y transformarlas
en señales que van directamente al cerebro, el cual las descifra y registra
en su memoria).
Ojos. Los bebés
producen, a través de sus glándulas lagrimales, gran cantidad
de líquido que protege a los ojos de gérmenes que podrían
ocasionarles infección; sin embargo, al acumularse y secarse forman lagañas
que pueden propiciar la reproducción de microbios, o introducirse en
el ojo y dañar la córnea. Es por ello que se recomienda asear
frecuentemente la zona, para lo cual se requiere limpiarla con un paño
esterilizado mojado con agua hervida.
Nariz. El moco que se
produce en la nariz sirve como lubricante y filtro para partículas extrañas
que pueden impedir la óptima respiración; no obstante, es preciso
limpiar el exceso varias veces al día mediante el uso de hisopo, bomba
o pañuelo.
Manos. Uno de los primeros
contactos que el bebé establece con el mundo es a través de las
manos, lo cual favorece el transporte de microorganismos causantes de enfermedades,
por lo que debe procurarse mantenerlas limpias con jabón infantil y agua
tibia, o bien mediante toallitas húmedas.
Uñas. Debido a
que en su interior suelen acumularse bacterias y suciedad, las uñas de
las manos deben ser recortarlas cada semana; además, de esta forma se
evita que el pequeño pueda rasguñarse. En cuanto a las de los
pies hay que recortarlas una vez al mes; para llevarlo a cabo es indispensable
hacerlo cuando el chico esté durmiendo y utilizar tijeras o cortaúñas
especiales, con punta redondeada.
Región perianal.
Es sabido que orina y excremento son causantes de irritación, especialmente
cuando el pequeño usa pañal, por lo que es indispensable procurar
cambiar dicha prenda con frecuencia y lavar la zona que comprende genitales
y ano con agua y jabón neutro; en caso de rozaduras o erupción
pueden aplicarse pomadas específicas. Si se trata de una niña
es necesario efectuar el aseo de adelante hacia atrás para evitar que
en la vagina se introduzcan microbios intestinales, y en el niño limpiar
bien los pliegues de muslos y escroto, así como el pene, pero la piel
que recubre a éste (prepucio) no debe hacerse hacia atrás porque
puede dañarse el tejido.
18 meses en adelante
A esta edad el pequeño empieza a tener cierta autonomía y coordinación
de movimientos, y es más notoria la intención de imitar a sus
padres. Aprovechando esto podemos enseñarle a lavarse los primeros dientes
después de ingerir alimentos; al principio puede recurrirse a un paño
esterilizado y húmedo, pero a partir de los dos años debe adquirirse
un cepillo de cerdas suaves y finas, así como pasta dental con sabor
agradable. Una vez que se acostumbre, y se pierda la novedad, quizá cueste
trabajo que lo haga después de cada comida pero, por lo menos, habrá
que lograrlo a la hora de acostarse y al levantarse.
Las manos siguen siendo vitales para reconocer cuanto les rodea,
así que debe enseñarse al pequeño que debe lavarlas varias
veces al día, especialmente antes de comer y después de ir al
baño, tanto en casa como en la escuela. Es fundamental evitar que se
coma las uñas o arranque pellejos, ya que ello puede ocasionar lesiones
e infectar los dedos.
Respecto a la higiene corporal, es importante iniciar con la cara, por ejemplo,
cuando el niño termine de comer y tenga el rostro sucio póngalo
frente al espejo, de forma que pueda apreciar su aspecto y siga cada uno de
los pasos para su limpieza; utilice jabón infantil e indíquele
que debe cerrar los ojos para que no se irriten. Recuerde que alabar tiene siempre
más efecto que reprimir, por lo cual podemos premiar al chico planteándole
un nuevo reto de mayor responsabilidad y autonomía, como acompañarnos
en la ducha y, poco a poco, pedirle que haga lo que nosotros llevamos a cabo;
sin duda resultará motivante para el niño ver que se va confiando
en él en función de su responsabilidad.
Desde pequeño es importante que sepa que cada prenda
-incluyendo calzado- que vaya a vestir debe estar limpia, ser cómoda
(nunca ajustada porque comprime abdomen y zona genital) y adaptarse a las condiciones
ambientales, de lo contrario puede presentar alteraciones en la piel, (por ejemplo,
irritación) y si no está bien abrigado, resfriarse. Asimismo,
es básico que diariamente se le cambien calcetines, ropa interior y calzado,
así como procurar que calce sandalias cuando acuda a una alberca, pues
de esta manera se pueden prevenir infecciones.
El niño generalmente considera al peine un enemigo natural,
por lo que debemos poner especial cuidado con los tirones y peinarlo con delicadeza,
mientras le hablamos y dejamos claro lo bien que se ve.
Más que higiene
Hay otros factores fundamentales que hemos de inculcar a nuestros hijos desde
que son niños y que redundarán en su buena imagen, y salud, como
no meterse los dedos en la nariz y toser o estornudar cubriéndose la
boca. Nuevamente, la mejor herramienta es el ejemplo, digamos, al taparnos la
boca para bostezar y hacer lo propio para estornudar, además de girar
la cabeza, de forma que el bebé de año y medio no tardará
en imitarnos; no olvide que aplaudir esas iniciativas será el mejor estímulo
para él.
No está demás recalcar que los hábitos
de higiene que enseñemos a nuestros hijos deben ser inculcados, nunca
forzados. Tampoco hay que dejar de lado que no hay reglas uniformes, porque
cada hijo es diferente: mientras a unos tendremos que perseguirlos para que
entren en la bañera, a otros tendremos que insistirles para que la dejen.