APNEAS DEL SUEÑO, CUANDO SE DUERME SIN DESCANSAR
Mario Rivas
Las apneas son el trastorno del sueño más frecuente
y se caracterizan porque quienes lo padecen roncan al dormir, se sienten cansados
durante el día y tienen dificultades para concentrarse; no es un padecimiento
menor, ya que la falta de tratamiento adecuado deteriora la salud e incluso
pone en riesgo la vida.
Las apneas son una serie de episodios repetidos que ocurren
durante el sueño, en los que el aire no llega a los pulmones, de manera
completa o parcial, por más de 10 segundos. Aunque en ocasiones puede
generarse por problemas en la transmisión de impulsos eléctricos
del cerebro, este trastorno se debe principalmente a que los tejidos de la garganta
se relajan demasiado, ocasionando un esfuerzo mayor del organismo para abastecerse
de oxígeno, de modo que la respiración se vuelve forzada y genera
un sonido característico: el ronquido.
Es por esto que hay individuos más propensos a sufrir
este problema, como las personas de la tercera edad, ya que tienen poca fuerza
o tono en los músculos de esta región corporal, mismos que al
relajarse durante el sueño ocasionan la obstrucción, o quienes
son obesos, debido a que la grasa depositada en el cuello (papada) ejerce presión
sobre la garganta.
De distintos orígenes
Existen dos tipos de apneas, la obstructiva del sueño (AOS) y la denominada
central del sueño. La primera es la más común y se debe
a que los músculos que normalmente mantienen abierto el paso del aire
se relajan y cuelgan al dormir, haciendo que lengua, paladar y campanilla bloqueen
en forma repetida la respiración.
En este caso el cerebro percibe una disminución en los
niveles de oxígeno en la sangre, por lo que emite señales que
desencadenan la formación de sustancias que obligan a un despertar breve,
de modo que se permita abrir la garganta; este episodio es tan breve que el
individuo no lo recuerda, pero puede ser percibido por alguien cercano cuando
escucha un ronquido profundo o un suspiro fuerte.
Este patrón puede repetirse hasta cientos de veces en
una noche (afectando en muchas ocasiones la paz del cónyuge o personas
cercanas a quien padece AOS), y rara vez se logra alcanzar fases profundas del
sueño, que son en las que se logra el descanso. Por ello, quien tiene
este trastorno del sueño se siente somnoliento y débil.
Por su parte, la apnea central del sueño se debe a que
el cerebro no envía las señales adecuadas a los músculos
encargados de la respiración y ésta se suspende súbitamente.
Como resultado, es probable que la persona se despierte durante un lapso de
10 a 60 segundos por falta de aire.
En ambos casos se presenta una disminución en la calidad
de vida, debido a la falta de descanso y sueño reparador, así
como a las caídas repentinas en los niveles de oxígeno en la sangre,
las cuales pueden incrementar la presión sanguínea y desgastar
al sistema cardiovascular, con lo que aumenta el riesgo de infarto.
¿Cómo se distingue?
Es cierto que las apneas ocasionales son comunes y que a veces algunos ronquidos
se deben sólo a la posición en que se duerme (casi siempre con
el cuello estirado), por lo que no requieren mayor atención. Empero,
hay una serie de características que de observarse hablan ya de un trastorno
de sueño que afecta la salud del individuo:
- Ronquidos frecuentes, casi siempre reportados por el compañero de habitación. Este síntoma es típico de AOS, ya que la apnea central del sueño no produce sonidos.
- Hipersomnia diurna, es decir, sueño excesivo durante el día, muchas veces incontrolable y que lleva a quedarse dormido en situaciones poco comunes, como al manejar un automóvil o en medio de una conversación.
- Fuertes dolores de cabeza durante la mañana, ya que se tuvo poco descanso y baja oxigenación del cerebro.
- Necesidad de levantarse a orinar durante la noche (nicturia).
- Cansancio ante esfuerzo físico moderado.
- Falta de memoria.
- Distracción, poca atención.
- Alteraciones del humor y del carácter, concretamente, enojos frecuentes.
- Falta de apetito sexual.
- Impotencia.
- Entre las complicaciones más graves se encuentran problemas cardiacos, como arritmias e infartos.
Se ha observado que las apneas se presentan con más frecuencia
en varones que en mujeres, pero en las féminas aumenta el número
de casos durante el climaterio. Asimismo, es más común en pacientes
obesos, en quienes han aumentado bruscamente de peso, en personas delgadas con
estructura especial de la cara (paladar alargado y arqueado, así como
mandíbula pequeña y retraída), ancianos con débiles
músculos del cuello y personas con síndrome de Down.
Finalmente, las apneas pueden agravarse por el consumo de algunas
sustancias que favorecen la relajación muscular o deprimen al sistema
nervioso central, como algunos medicamentos para dormir o bebidas alcohólicas.
Diagnóstico y tratamiento
El médico especialista en trastornos del sueño es el encargado
de efectuar un examen general y un interrogatorio para determinar los grados
de hipersomnia (sensación excesiva de sueño). También recurre
a estudios polisomnográficos, en los que, con ayuda de sistemas automatizados,
se realiza el monitoreo durante una noche de la actividad de pulmones, cerebro
y corazón del paciente, además de que se toma un registro de los
patrones de respiración, los movimientos de brazos y piernas y los niveles
de oxígeno en sangre.
Una vez establecida la existencia del padecimiento se puede
recurrir a varias alternativas de tratamiento, las cuales dependerán
de la complejidad del caso, las cuales van de la atención del ronquido
como único síntoma al cuidado especializado de cuadros severos.
Cuando el individuo deja de respirar menos de 15 veces por cada
hora de sueño se habla de trastorno leve, con cambios mínimos
en los niveles de oxígeno; en estos casos se recurre a control de peso,
cuidado en la posición utilizada para dormir y en ocasiones se emplea
una prótesis que ayuda a que el flujo de aire sea el adecuado.
Por otra parte, cuando hay entre 16 y 50 interrupciones del
flujo de aire se habla de apnea moderada, y cuando hay más de 80 el padecimiento
es severo. Para estos grados existen dos alternativas, que son la colocación
de un equipo dotado de mascarilla que gradúa la presión del aire
para mantener la garganta abierta, o la intervención quirúrgica
para corregir el problema.
Finalmente, cuando se tiene sospecha de apnea y el sueño
es poco reparador se debe consultar a un especialista, ya que este problema
rara vez desaparece por sí solo. Lo mejor, en beneficio de la salud y
de la calidad de vida del individuo es buscar que el proceso que ocurre al dormir
resulte lo más adecuado posible. Si tiene alguna duda o requiere información
sobre su atención, puede dirigirse a la Clínica de Trastorno de
Sueño, perteneciente a la UNAM, a los teléfonos 5623-2686 al 89,
en la Ciudad de México.