SARCOPENIA, CUANDO LOS MÚSCULOS PIERDEN FUERZA
Rafael Mejía
De manera natural, el ser humano va perdiendo volumen muscular
a partir de los 30 años, por lo que gradualmente sufre debilidad, sensación
de agotamiento, menor velocidad al caminar y aminora su condición física.
Las personas más afectadas son los ancianos, pero pueden disminuir los
efectos de este deterioro ¿Quiere saber cómo?
A través de diferentes estudios se ha comprobado que
los individuos de 70 años, hombres y mujeres, pueden tener 30% menos
de masa muscular (en casos extremos hasta 40%) respecto a la estructura física
que poseían cuatro décadas atrás, a la vez que sufren ligero
aumento general de masa grasa en todas las regiones corporales.
Esta pérdida se conoce como sarcopenia o envejecimiento
del sistema músculo-esquelético, y es causa de problemas diversos
en el desempeño físico de un individuo, hecho que resta independencia
de acción y afecta la autoestima de manera importante pero, ante todo,
junto con problemas naturales de debilitamiento de huesos por su desmineralización
(osteoporosis), favorece un estado de fragilidad fisiológica que condiciona
la aparición de padecimientos graves.
En efecto, cuando la sarcopenia no es atendida priva a los individuos
de una cualidad tan importante como es la fuerza, indispensable para la realización
de las tareas habituales de la vida y para protegerse contra las caídas
y sus temibles complicaciones: las fracturas. Asimismo, el músculo envejecido
es más propenso a sufrir mayor número de lesiones, las cuales
son más severas y requieren de más tiempo de lo habitual para
su recuperación.
Paso del tiempo
Las alteraciones que se presentan en el funcionamiento de los músculos
debido a envejecimiento involucran a modificaciones en su propia estructura,
pero también a cambios generados en los sistemas circulatorio y nervioso.
Primeramente, cabe explicar que los músculos están
constituidos por tres componentes principales: tejido conjuntivo de sostén,
que les da forma y los fija a los huesos; grasa, que proporciona alimento, y
fibras, que son en sí las encargadas de dar fuerza y movilidad al organismo.
Hoy sabemos que los dos primeros elementos, lejos de disminuir, aumentan con
la edad, por lo que la sarcopenia puede definirse con mayor precisión
como un proceso de reducción en el número y tamaño de las
fibras musculares.
La disminución de estos tejidos comienza aproximadamente
a los 25 años de edad, y al llegar a los 80 años puede ser de
40% o más en casos extremos. Todavía siendo más específicos,
las fibras musculares encargadas de realizar movimientos lentos son las menos
afectadas por el envejecimiento, permaneciendo casi iguales a cualquier edad,
en tanto que las que disminuyen drásticamente son aquellas encargadas
de proporcionar fuerza, potencia y movimientos rápidos.
Junto a este hecho, la opinión mayoritaria de los expertos
es que la irrigación de sangre y oxígeno disminuye con el paso
del tiempo a pesar de que la cantidad de vasos sanguíneos y capilares
se conserva bien a lo largo de los años; el motivo de este hecho radica,
más bien, en que durante la tercera edad se realiza menos actividad física
y, por tanto, se pierde paulatinamente la oportunidad de nutrir a los músculos.
Asimismo, se sabe que considerable número de casos en
que se presenta atrofia de movimientos y pérdida de fuerza tienen que
ver con las alteraciones que se originan en las conexiones que se presentan
entre el sistema nervioso y los músculos.
A través de estudios se ha observado que los nervios
conectados con las estructuras cuyo cometido es brindar movimientos rápidos,
sufren más degeneración que los encargados de dar instrucciones
a los músculos responsables de movimientos lentos. Otro hecho que llama
la atención y que se cree puede tener estrecha relación es la
disminución de un grupo específico de neuronas ubicadas en la
médula espinal que tal vez afecten el movimiento de un individuo de edad
avanzada.
Nada como la prevención
Los científicos han encontrado un fenómeno muy llamativo respecto
a la sarcopenia, y consiste en que el deterioro del músculo se da de
manera paralela y, guardando las proporciones, es casi idéntico al de
los huesos, por lo que se ha considerado que exista estrecha relación
entre ambos fenómenos y, por tanto, de un método de prevención
similar.
La práctica ha dado la razón a esta idea, ya que
se ha demostrado con abundantes ejemplos que las personas que persisten en el
desarrollo de práctica deportiva y ejercicio conservan durante toda su
vida mayor masa muscular y ósea con respecto a quienes optan por llevar
una vida sedentaria, es decir, con baja actividad física.
A este respecto, varias investigaciones señalan que las
personas de 70 años que entrenan con pesas desde los 50 poseen niveles
de fuerza y estructuras musculares muy parecidas a las de individuos sedentarios
de 28 años. También es verdad que los ancianos, incluso aquellos
que superan los 90 años, responden al ejercicio ligero, como las artes
marciales, con aumento en el volumen de sus músculos y de la fuerza,
hecho que a se vez incrementa su masa ósea.
Debe aclararse que el ejercicio no detiene totalmente el envejecimiento,
como se observa en los deportistas de elite, quienes a pesar de llevar un entrenamiento
intenso disminuyen su rendimiento con la edad, pero sí se ha demostrado
que el avance de la sarcopenia puede atenuarse y que gracias a la actividad
física programada es posible gozar de mejor calidad de vida en la tercera
edad.
Otro aspecto importante para retrasar los efectos del envejecimiento
sobre la masa muscular es la nutrición, ya que la ingesta adecuada de
proteínas contribuye a la regeneración de tejidos y a la conservación
de la fuerza. Gracias a diversos estudios se ha establecido que es ideal ingerir
diariamente 2 gramos de estos nutrientes por cada kilogramo de peso del individuo,
ofreciendo mejores resultados los productos de origen animal, como la leche
y el huevo.
En casos concretos, y bajo la supervisión de un geriatra
o nutriólogo, las personas de la tercera edad pueden recurrir al uso
de suplementos con aminoácidos libres y productos específicos
para evitar la aparición de alteraciones en huesos y articulaciones,
tales como el cartílago de tiburón o la glucosamina.
Por último, cabe añadir que, junto con ejercicio
y adecuada alimentación, la sarcopenia disminuye su impacto cuando se
erradican bebidas gaseosas, alcohol y tabaco, a la vez que se tiene cuidado
en respetar las horas de sueño. Así, es fácil afirmar que
gracias a un estilo de vida saludable, todo individuo de la tercera edad puede
ser un individuo creativo e independiente que actuará de manera productiva
sin sufrir en sus músculos los efectos negativos del envejecimiento.