POR SU OLOR LOS CONOCERÉIS
María Elena Moura
Por buena que sea la apariencia de una persona,
hombre o mujer, si no cuenta con la efectiva ayuda de un desodorante puede
ver nulificados todos sus esfuerzos frente al espejo, y desvanecer el encanto.
La transpiración es un hecho natural que cumple
con dos tareas fundamentales: regular la temperatura corporal ante climas
calurosos o esfuerzos físicos, y eliminar toxinas de nuestro organismo. A
pesar de su innegable ayuda, sobran relatos de gente que debido a manchas
en la ropa u olor desagradable ha pasado momentos comprometedores.
En ello radica la importancia de los desodorantes,
pues son elementos que permiten mediar entre necesidades corporales y sociales,
pero que también necesitan de ciertas consideraciones para brindarnos su ayuda,
por lo que a continuación mostramos sus principios básicos y algunos consejos
para optimizar su trabajo.
Transpiración y sudor
El proceso de transpiración se vincula con las
glándulas sudoríparas, ubicadas por cientos en cada centímetro cuadrado de
la piel, si bien son más numerosas en palmas de las manos y plantas de los
pies, y proporcionalmente escasas en la espalda.
Dichas glándulas se sitúan en el tejido subcutáneo,
y a través de un conducto que llega hasta la superficie de la piel segregan
humedad que al evaporarse contribuye a mantener una temperatura estable; aproximadamente
37º centígrados en adultos. Si bien esta secreción está constituida por agua
en su mayoría y carece casi por completo de olor, algunas glándulas en particular,
ubicadas bajo los brazos y en la zona genital, conocidas como apocrinas, emiten
fluidos grasosos que se alteran al entrar en contacto con bacterias que habitan
en la piel.
Estos microorganismos, conocidos como bacterias
grampositivas, habitan en la epidermis y encuentran un hábitat ideal en presencia
de tales secreciones, de modo que al producirse sudor su población aumenta.
Así, las sustancias generadas durante la respiración y digestión de estos
gérmenes son las que originan el mal olor.
Desodorantes, más que fragancias
Aunque la búsqueda de sustancias que eliminen
el mal olor es bastante añeja, el primer desodorante registrado como tal data
de 1888, mientras que encontramos al antecedente inmediato de las formulas
actuales en 1950, con el auge de las industrias de perfumería y cosmética.
Hoy día contamos con tres familias de estos productos
que se distinguen por la manera en que actúan: bactericidas, que son los desodorantes
clásicos de acción temporal que evitan la proliferación de microorganismos;
aquellos que neutralizan el mal olor a través de reacciones físico-químicas,
y antitranspirantes, que regulan la sudoración por tiempo prolongado sin restringirla
en exceso.
Elegir cuál de estas alternativas se utilizará
es una decisión individual que no sólo debe guiarse por el olfato, por lo
que presentamos los siguientes consejos:
- Para que un desodorante actúe
de manera adecuada, debe aplicarse en la piel seca y limpia una vez al día.
Si la superficie ya presenta sudor, puede haber irritación.
- El uso excesivo, sobre todo de
antitranspirantes, puede provocar comezón. Aplíquelo con moderación.
- No utilice desodorantes inmediatamente
después de depilarse, pues aumenta la posibilidad de padecer irritación en
la piel.
- La edad normal a partir de la cual
se emplean desodorantes es la pubertad, ya que la secreción de hormonas influye
en la sudoración.
- Cuando una persona presenta altos
índices de sudoración, lo mejor será que emplee antitranspirantes.
- La ropa ceñida o de fibra artificial
puede aumentar la sudoración, por lo que es preferible vestir con ropa amplia
y tejidos naturales.
- Muchas fórmulas contienen químicos
que pueden causar irritación (alcohol y derivados del aluminio). En caso de
que el desodorante altere la piel debe suspenderse su aplicación de inmediato.
Por último, hay que decir que estos productos
se encuentran disponibles en barra o stick, roll on, aerosol, gel o
vaporizador. Si bien hay que decir que los adultos prefieren emplear en barra
o crema, los jóvenes optan por los desodorantes en gel, que ganan terreno
ante aerosoles y vaporizadores, cuya popularidad ha disminuido, a pesar de
ajustarse a las nuevas normas ambientales.
Ahora sí, con estos consejos puede emprender
la búsqueda de la fragancia y la fórmula ideal que le evite "sudar la gota
gorda" y brindar buena apariencia no solo a la vista, sino también al olfato.