PARA ESCUCHARTE MEJOR...
Mario Rivas
De los cinco sentidos, la audición es tal vez el más
ligado a la comunicación, por lo que su pérdida en la tercera
edad tiene consecuencias anímicas y sociales de consideración.
Detectar el deterioro del oído a tiempo o corregir el problema con algún
aparato puede evitar muchos malos ratos.
Entre 30 y 46% de las personas mayores de 65 años, y
90% de quienes superan los 80 años padecen problemas de audición.
Los especialistas llaman a este padecimiento presbiacusia (de "presbyte",
que significa viejo, y "acusia", que en griego se refiere a oír),
y su origen se debe a daños fisiológicos ocasionados por consumo
inmoderado de tabaco o alcohol, hipercolesterolemia (altos niveles de colesterol),
exceso de ruido, dietas mal equilibradas y poco controladas o predisposición
genética (herencia), caso en que los problemas pueden iniciarse a partir
de la cuarta década de vida.
No es sencillo para una persona anciana enfrentar este padecimiento,
pues la tendencia degenerativa del oído puede ser paulatina, y casi pasar
desapercibida. Para lograr diagnóstico oportuno existen varios síntomas
o actitudes que anuncian cuando las cosas van mal, y que se requiere atención:
- Cada vez se tiene que subir más el volumen del televisor o radio.
- Se nota la pérdida de apreciación de tonos agudos, por lo que muchos sonidos simples, por ser suaves y habituales, desaparecen: el canto de los pájaros, el timbre o el teléfono.
- El anciano pide a sus interlocutores que hablen más alto, pues aunque oye que se dirigen hacia él, no entiende lo qué le dicen.
- Se aísla en fiestas o reuniones familiares, porque la música le parece muy fuerte o siente que todos hablan a la vez y no lo dejan conversar.
Cuando algunos de estos síntomas comiencen a aparecer,
es necesario recurrir a la brevedad al otorrinolaringólogo para realizar
examen de audición, a través de una entrevista o revisión
clínica que incluya exámenes para determinar el grado de sordera,
así como su causa.
Sin embargo, no deja de ser aconsejable que cualquier persona
de la tercera edad, presente o no los síntomas, se haga pruebas rutinarias
para evaluar su oído, ya que este problema aumenta con el paso del tiempo,
y la detección oportuna puede frenar su evolución.
Solución: audífonos y buena disposición
Generalmente, este padecimiento cuenta con solución fácil
o viable, y en caso de algún problema grave, el uso de aparatos auditivos
o audífonos mejora notablemente la percepción de sonidos y propicia
autosuficiencia en la persona. Sólo en muy pocos casos se practican cirugías.
Sin embargo, los pacientes con problemas de audición
no siempre buscan ayuda, y si llegan a contar con un aparato de audición
rara vez lo usan. Esto se debe a que no cuentan con información adecuada,
lo consideran incómodo, e incluso tienen temor a ser tildados de "sordos",
actitud que acentúa el riesgo de caer en uno de los problemas más
característicos y graves de la vejez: la soledad. Para ayudar a que estas
personas superen la presbiacusia y se sientan integradas a la convivencia familiar,
a continuación puede seguir algunas recomendaciones:
- Hablar a una distancia cercana a la persona con problemas de audición.
- Brindar atención a la plática.
- Se obtienen buenos resultados si la charla se desarrolla cerca de una pared, ya que ésta refleja el sonido y lo amplifica.
- Dirigirse al anciano con voz grave, no aguda.
- Pronunciar las frases despacio, en forma pausada y sin gritar, en vez de repetir, o recalcar lo importante.
- Hacer una pausa al final de cada oración o idea.
Lo más importante es que los seres cercanos ayuden a
quien padece esta disfunción a que comprenda que el suyo no es un caso
aislado, y evitar en lo posible que renuncie a la posibilidad de comunicarse
con sus semejantes y con el mundo. Así, gracias al uso de audífonos
o a una revisión médica podrá recuperar la audición
y con esto obtener una nueva oportunidad para disfrutar de estímulos
sonoros que continuamente suceden a su alrededor.