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NO SE OYE

María Elena Moura

Desde la Revolución Industrial el ruido se ha vuelto un molesto y distintivo elemento de la vida citadina que para muchos sigue siendo símbolo de progreso (un automóvil ruidoso es "más potente"), no obstante, estudios científicos demuestran que ocasiona pérdida de audición, y problemas cardiacos y de sueño, entre otros.

Ya lo describía en tono jocoso el escritor Jorge Ibargüengoitia en sus Instrucciones para vivir en México: cláxones interpretando ruidosamente melodías pasadas moda, gritos neuróticos, automóviles corriendo por las nuevas avenidas y radios a todo volumen que impiden escuchar cuando alguien llama a la puerta; todos estos elementos son causa y efecto del estrés, del nuevo rostro de la nación que se alimenta de sus habitantes para progresar. Aquellas ciudades medio pueblerinas y en equilibrio sonoro que todavía arañaron el siglo XX han desaparecido.

Pero más allá de la anécdota, y pese a la existencia de un reglamento contra la contaminación sonora, desconocimiento y poco interés restan importancia a este problema de salud pública que, puede comprobarse, no es menor: 10% de la población tiene problemas auditivos por incumplimiento de estándares de regulación del ruido, según cifras del Instituto Mexicano de la Comunicación Humana y del Grupo México, Comunicación y Ambiente

Somos poco conscientes debido a que el ruido es generado por artefactos asociados a confort y bienestar: autos, trenes, electrodomésticos, maquinaria y largo etcétera. Además, la planificación de las ciudades se realiza, la gran mayoría de las veces, sin dar importancia al paisaje sonoro, si acaso al visual, por lo que es común encontrar edificios construidos al lado de autopistas o vías del tren, que aunque lucen bien y pudieran aparentar comodidad, no permiten descansar.

El oído y los efectos del ruido
La gente no acostumbra cuidar de manera adecuada sus oídos, sin tener en cuenta que son un medio que permite comprender al exterior. Así, una señal acústica molesta, además de ser una forma de contaminación, destroza la calidad auditiva cuando es demasiado alta.

La percepción de voces o ruidos se realiza cuando una onda sonora o alteración de las moléculas del aire se introduce por el canal auditivo e impacta al tímpano, posteriormente, se traslada al oído medio, que es un sistema mecánico que vibra como las bocinas de un radio para llevar el sonido hasta el oído interno; ahí, en un ambiente líquido, existen pequeñas vellosidades llamadas estereocilos o células ciliadas, que a través de un movimiento como el de las algas marinas permiten crear una señal nerviosa que el cerebro interpreta.

Todo lo que escuchamos es medible en decibeles (dB), escala en la que cada 3 unidades se duplica la energía sonora percibida. Aunque la audición puede variar si el sonido es grave o agudo, el rango del oído humano tiene dos umbrales, el de audición (0 dB), y el de dolor (120 dB). A mayor potencia del sonido, menor es el tiempo que resulta tolerable.

Sonidos de 0 a 80 dB son soportables y no importa el tiempo que uno se exponga a ellos. Como referencia, diremos que un susurro, jardín o dormitorio alejado de fuentes de ruido registran 20 dB, una biblioteca 30, tránsito leve 50, conversación normal 60, oficina ruidosa 65, calle animada o restaurante ruidoso 70, y secadora de cabello, fotocopiadora y despertador 80.

Entre los sonidos que generan daño, siempre medidos en decibles, encontramos llanto de un niño y tránsito intenso (90), soportables máximo durante 8 horas; un camión pesado (95) es audible por 4 horas; fuegos pirotécnicos y taladro neumático (100) 2 horas, helicóptero (105) por una hora; claxon de un auto, en pleno umbral de dolor (120), es tolerable durante menos de 8 minutos; un trueno (130) por menos de 4 minutos, y la turbina de un avión (140) es siempre peligrosa. Un concierto de rock (90), por su parte, es tolerable durante 8 horas, pero en aquellos de muy alta potencia (130) lo ideal sería exponerse no más de 4 minutos.

Altos niveles de sonido por periodos prolongados destruyen a las células ciliadas, hecho que imposibilita el registro de sonidos. Exponerse a ruido intenso durante mucho tiempo presenta como primer aviso el zumbido o adormecimiento del oído; de hecho, desde ese momento ya hay pérdida de la audición, pues alcanzan a morir o a dañarse algunas células. Otros síntomas de alerta son: necesidad de escuchar el televisor y hablar cada vez con más volumen, así como dificultad para entender una conversación telefónica.

No sólo problemas de audición
El ruido, como cualquier otro agente que ocasiona estrés, desencadena reacciones en el organismo que pueden manifestarse en forma no sólo física, sino psicológica o conductual. Investigaciones han relacionado la exposición al ruido con el desarrollo de enfermedades mentales, y numerosos estudios han demostrado que el ruido provoca alteraciones en el ritmo cardíaco y respiratorio, trastornos hormonales y digestivos, así como elevación de la presión arterial.

Asimismo, se ha comprobado que sonidos intensos afectan la capacidad de distinguir palabras y de concentración; también origina dolores de cabeza, ansiedad, angustia, tensión, alteraciones del sueño, agresividad e irritabilidad, por lo que se ha observado que los niños inscritos en escuelas ubicadas en zonas ruidosas aprenden a leer más tarde que los que gozan de silencio, además de que los pequeños de 2 a 3 años que viven en el hogares donde televisión, lavadora, aspiradora, lavadora o gritos son frecuentes, tardan más para hablar.

El ruido irrumpe así en la vida cotidiana porque no permite la relajación, descansar o dormir: quienes están expuestos a sonidos por la noche (ronquidos, tráfico nocturno, televisor, radio) no obtienen el descanso suficiente, y no consiguen soñar profundamente, pues sólo logran mantenerse entre el sueño y la conciencia.

Para escucharte mejor
Para luchar contra los efectos del ruido, la primera medida a tomar debe ser la eliminación del foco emisor, o al menos su conveniente alejamiento. En el caso del hogar, moderar el ruido deL televisor y equipos de sonido, y si se utilizan aparatos como licuadora o extractor de jugos, se les puede colocar debajo un plástico para amortiguar el sonido. Para reducir la contaminación proveniente de la calle se aconseja utilizar cortinas pesadas y plantas junto a las ventanas, así como colocar vidrios que sean de al menos 6 milímetros de espesor.

En el trabajo es obligatorio que aquellas personas expuestas a fuertes sonidos tengan periodos de descanso, los cuales, además, están establecidos en la ley. Por ejemplo, si la intensidad de los sonidos es cercana a los 95 dB, la jornada ideal deberá durar 4 horas o, al menos, contar con varios intervalos considerables de descanso. Si es necesario salir constantemente al tránsito citadino, es mejor evitar las calles muy concurridas y poner de nuestra parte para emplear moderadamente el claxon y evitar los gritos.

Respecto a las horas de sueño, que finalmente son las que permiten descansar del ajetreo cotidiano, es ideal contar con una habitación silenciosa, no dormir con televisión o radio encendidos, respetar los horarios de sueño de los familiares y evitar la generación de ruidos escandalosos mientras otros descansan.

Finalmente, lo único que ayudará a enfrentar el problema del ruido es la toma de conciencia del beneficio que nuestra salud recibirá, y que de esta forma se podrá terminar con los factores que ocasionan ese "misterioso e inexplicable" cansancio que nos llega a agobiar.

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