ZONAS ERÓGENAS, GEOGRAFÍA DE LA
PASIÓN
Nizarindani
Sopeña y Rafael Mejía
Autoexploración y práctica abierta de la sexualidad
son vías para cartografiar un territorio de sensualidad: nuestro cuerpo.
Gracias a destreza e imaginación es posible conocer paisajes que nuestra
anatomía y la de la pareja esconden como paraísos en donde una
buena estimulación despertará emociones únicas, creando
ambiente de intimidad. Estas son las zonas erógenas.
No son sitios arbitrarios, sino lugares especiales de nuestro
cuerpo en donde se concentra gran cantidad de terminaciones nerviosas, gracias
a lo cual responden con una sensibilidad mayor a caricias, besos y otras muestras
de afecto: pezones, clítoris o pene, pero también el cuello, centro
de la espalda, orejas, labios, parte anterior de las piernas y ano.
Yendo más lejos, podemos decir que en realidad toda la
piel es nuestro gran órgano sexual y, por tanto, la zona erógena
más importante que nos permite acceder al contacto cercano con seres
queridos. En efecto, el roce y estimulación de dos cuerpos desnudos permite
percibir un lenguaje formado por temperaturas, texturas, tersuras y vibraciones
que contribuyen a disparar la más variada gama de sensaciones sexuales;
aunque no seamos conscientes de ello, la compatibilidad a este nivel es lo que
determina la atracción o el rechazo más que cualquier otro elemento.
Empero, para que la estimulación de una zona erógena
sea siempre placentera, son necesarios diversos elementos a tomar en cuenta,
como destreza, adecuada disposición y autoconocimiento del receptor o
receptora. Se puede afirmar que el descubrimiento y exploración de la
sensualidad debe ser cariñoso y atento a toda apreciación que
indique cuáles partes del cuerpo quedan dentro o fuera del juego amoroso,
esto porque no todas las terminaciones nerviosas son iguales en cada persona
y, por ende, en cada individuo varía la sensibilidad.
Ya con esta actitud podemos partir a la experiencia de descubrir,
a través de un recorrido especial y único, la existencia de inagotables
áreas sensibles al tacto, propias y de la pareja, que no necesariamente
deben ser sexuales: si un hombre abraza a su mujer y comienza a acariciar lentamente
su espalda y brazos, el gesto en sí puede no ser erótico, pero
a ella le produce relajación y confianza, deseos de sentirse mimada,
cuidada: se abre al amor y al goce, de modo que el estímulo afectivo
inicial los lleva a una escena de progresiva excitación.
Valles y montañas del amor
La búsqueda de los puntos erógenos puede iniciarse
en cualquier parte del cuerpo: pies, párpados, brazos, piernas, nuca,
cabello y piel en general están a la espera de ser explorados, por lo
que a continuación ofrecemos una guía general para descubrir la
gran zona erógena que es nuestro cuerpo, a fin de que aprendamos a acariciar
y dejarnos acariciar.
Cabello. El estímulo
del cuero cabelludo produce un relajamiento muy placentero al comienzo de la
relación; puede realizarse con la punta de los dedos o sujetando una
porción del cabello con firmeza, pero sin jalarlo.
Orejas. El lóbulo
de la oreja, la cavidad del pabellón auricular y la zona posterior son
muy sensibles a la estimulación oral y, a diferencia de otras regiones
corporales donde no se rebasan ciertos límites sensoriales, su capacidad
de producir placer aumenta junto con toda la excitación sexual.
Ojos. Los nervios parasimpáticos
de los párpados pueden ser estimulados con algunos besos suaves sobre
los ojos cerrados, produciendo una relajación que hace más sensible
la relación.
Boca y lengua. La sensibilidad
de los labios aumenta con la excitación haciéndolos muy sensibles
a roces y caricias de la boca de la pareja. La lengua permite un juego activo
con las diferentes zonas del cuerpo.
Nuca, cuello y hombros.
Con las manos o la boca se pueden estimular estas zonas de especial sensibilidad
produciendo placenteros escalofríos.
Axilas y cara interna del antebrazo.
La estimulación manual o con la boca resulta placentera en esta zona,
pero siempre que se evite producir cosquillas. La extensión de la línea
mamaria requiere estimulación muy suave.
Dedos. Su receptividad
nerviosa es utilizada continuamente para sentir las texturas, formas y rugosidades
de las cosas, por lo que es un medio muy adecuado para percibir el cuerpo de
la pareja.
Parte interna del codo y rodillas.
De carácter secundario y muy lento, tiene utilidad en combinación
con otras zonas, pero no en forma independiente.
Pechos. Los senos de una
mujer son muy sensibles sexualmente; aunque también el pecho del hombre
responde placenteramente, lo hace con menos intensidad.
Pezones. Extremadamente
sensibles tanto en hombres como en mujeres. Se pueden soplar, succionar, pellizcar
suavemente o apretarlos entre los labios mientras se le dan ligeros toques con
la lengua.
Cintura y caderas. Acariciando
suavemente toda la superficie de estas partes se produce una estimulación
suave que puede combinarse con otras de mayor intensidad.
Vientre. Responde muy
bien a besos suaves y frotamientos con la punta de los dedos. El área
alrededor del ombligo es muy sensible, más en hombres que en mujeres.
Espalda. A los lados de
la columna vertebral se localizan una serie de nervios que pueden estimularse
en forma muy efectiva de manera oral o manual, siempre en sentido ascendente
o descendente. Sobre el hueso sacro (cadera) existe una zona más sensible
que el resto.
Muslos. El muslo interior
es un área muy sensible que puede ser fuente de placer si se acaricia,
lame o besa. Los frotamientos circulares con las manos son muy placenteros,
sobre todo cuando las piernas de ella y él se friccionan mutuamente.
Nalgas o glúteos.
Contienen muchas terminaciones nerviosas que pueden ser estimuladas con facilidad
mediante pequeñas palmadas, fricciones, besos o al apretar con firmeza
pero sin lastimar.
Ano. Tiene gran sensibilidad
tanto en el hombre como en la mujer. Sus zonas cercanas pueden ser acariciadas
lentamente y despertar emociones intensas.
Perineo. La zona comprendida
entre órganos genitales y ano es muy sensible a estimulación manual
debido a la gran cantidad de terminaciones nerviosas que ahí se encuentran.
Clítoris. Es la
parte sexual más sensible del cuerpo de la mujer y la más fácil
de estimular, si bien debe hacerse suavemente y sin precipitación. La
excitación del clítoris con el extremo del pene erecto del compañero
es una sensación extremadamente placentera para muchas mujeres.
Vagina. La entrada de
este conducto femenino es rica en terminaciones nerviosas y reacciona con intensidad
a toda clase de caricias. Los labios menores son mucho más sensibles
que los mayores, sobretodo a lo largo de la superficie interior.
Testículos. Extremadamente
sensibles, deben ser manipulados con suavidad.
Pene. Es la zona más
sensible del hombre, donde experimenta el placer más intenso. Todo este
órgano es muy sensitivo, pero el extremo del glande (punta) es en particular
abundante en terminaciones nerviosas, sobre todo corona (parte frontal) y frenillo
(parte posterior), a los que debe tratarse con cuidado.
Como puede observarse, las claves para iniciar la inagotable
expedición por la geografía corporal aparece literalmente a flor
de piel, e inicia desde la aceptación de uno mismo y cuando confiamos
en nuestra pareja. Hay que resaltar que no siempre se tienen los mismos resultados,
pero afecto y constancia permiten salvar obstáculos y alcanzar la intimidad
necesaria para vivir nuestra sexualidad desde distintos puntos de vista y hacer
de cada encuentro con la pareja una experiencia única.