ARTROSIS, DAÑO EN ARTICULACIONES
Mario Rivas
La artrosis es una enfermedad degenerativa caracterizada por
el desgaste o destrucción del cartílago y la deformación
de las superficies del hueso de una o más articulaciones; habitualmente
aparece conforme avanza la edad y origina dolor e incluso pérdida de
movimiento normal. Ante todo, la prevención es la mejor arma para retrasar
su aparición.
Esta enfermedad reumática afecta sobre todo a las articulaciones
que soportan peso o que tienen exceso de movimiento, como caderas (concretamente
en ingle y región interna del muslo), rodillas (en su parte interna)
o pies, y se vincula con el envejecimiento, ya que se presenta a partir de los
40 ó 45 años de edad; sin embargo, también puede surgir
de manera precoz a consecuencia de golpes, problemas hereditarios o malformaciones
durante el desarrollo del feto.
En general, envejecimiento y sobrecarga hacen que el cartílago
se desgaste, de modo que la articulación pierde su sistema de amortiguación
natural y los huesos sufren pequeñas deformidades que se manifiestan
a través de dolor y movimiento limitado.
Artrosis no es igual que artritis
Por desconocimiento, el dolor en articulaciones se conoce popularmente
como "reuma", hecho que ocasiona confusión entre padecimientos
que, no obstante, tienen motivos y tratamientos distintos que bien vale aclarar
para evitar confusión.
La artritis o inflamación de una articulación
se caracteriza por dolor, aumento de temperatura local, dificultad en movimiento,
hinchazón y enrojecimiento; puede afectar varios miembros a la vez (poliartritis),
y no está vinculada con la edad, pues puede surgir en la juventud. Asimismo,
existen distintos tipos de esta enfermedad, como la de tipo reumatoide, en la
que además de los síntomas ya mencionados, el estado general de
la persona se ve afectado por producir decaimiento, cansancio y pérdida
de peso.
En cambio, la artrosis se distingue por dolor que aparece al
utilizar la articulación y que se alivia con reposo; además, aunque
la persona puede levantarse con molestias y rigidez y, por ende, le cuesta iniciar
la marcha, en unos minutos recupera la movilidad. Este padecimiento nunca ocasiona
malestar general y en ocasiones no presenta síntomas, por lo que se detecta
sólo a través de radiografías, en las que se aprecia que
el espacio ocupado por el cartílago es más pequeño de lo
habitual y que los huesos se tocan entre sí y se desgastan, ocasionando
malformaciones.
En ocasiones debido al reposo y a la falta de ejercicio, los
músculos que rodean a la articulación se atrofian, mientras que
en otros el dolor y las deformaciones óseas producen contracturas. En
ambos casos, la alteración produce malestares, baja movilidad y mayor
tendencia a la progresión de la enfermedad.
De esta manera, el diagnóstico de artrosis es habitualmente
sencillo: el reumatólogo se basa en la localización, exploración
de las zonas afectadas y tipo de dolor que se presenta, así como a través
del conocimiento de las situaciones en que mejora o empeora el malestar; en
caso de artrosis de las articulaciones de las manos, el dictamen puede efectuarse
a simple vista. Sólo en ocasiones se realizará una serie de pruebas
que confirmarán el diagnóstico a la vez que dan idea de la severidad
de la enfermedad.
Desgaste excesivo
Además de la edad, otros factores favorecen la aparición
de artrosis debido a que ocasionan mayor desgaste de las articulaciones. Es
el caso del sobrepeso, pues el trabajo de las articulaciones se incrementa al
soportar la presión de carga excesiva. De igual manera ocurre con la
práctica desmedida e inadecuada de actividades deportivas (futbol, voleibol,
gimnasia, natación, ciclismo o correr) y trabajos físicos (el
codo en trabajadores con martillos neumáticos o articulaciones de los
nudillos de las manos en agricultores y jardineros).
También se sabe que las caminatas para hacer compras
y observar mostradores son factor de riesgo, pues la articulación debe
soportar peso excesivo y el desplazamiento a pasos cortos (a veces arrastrando
los pies) no elimina la tensión; asimismo, este mal es común cuando
la forma de la articulación o de un miembro no es normal; por ejemplo,
si un individuo tiene una pierna más larga que la otra se produce mayor
desgaste del cartílago de la articulación que soporta mayor peso.
Por último, cabe citar que la artrosis puede presentarse
como resultado de lesiones, ya que cuando se producen fracturas, golpes importantes
o inflamaciones en una articulación la recuperación nunca es completa
y el cartílago tiene predisposición a alterarse más pronto;
asimismo, puede existir un factor hereditario que favorezca su surgimiento en
las articulaciones de las manos de las mujeres, principalmente.
Tratamiento y prevención
No existe todavía ningún tratamiento que pueda curar la
artrosis, pero sí es posible aliviar síntomas, retardar su evolución
y mejorar la calidad de vida de los pacientes. El tratamiento adecuado consiste
en una combinación de varios factores y dependerá de la articulación
afectada, severidad de la enfermedad, grado de dolor, actividades diarias del
paciente y edad.
Ante todo, se evitará someter a las articulaciones a
sobrecargas que ocasionen aumento del malestar o destrucción rápida
del cartílago, y se procurará que el paciente comprenda y acepte
sus limitaciones de modo que evite movimientos que produzcan dolor y aprenda
a usar otras articulaciones en lugar de la enferma. Siempre que sea posible
se tratará la obesidad o se corregirá la diferencia de longitud
de piernas existente.
Cuando los miembros inferiores se ven afectados por el mal es
necesario limitar paseos largos, carreras o cargar peso excesivo, pero nunca
se recomendará inmovilidad. Por ejemplo, en personas con alguna discapacidad
es de mucha utilidad un bastón o muletas para reducir el peso que soportan
las articulaciones y así aminorar el dolor.
Además, hacer ejercicio con las articulaciones enfermas
es fundamental para fortalecer los músculos y el movimiento; empero,
la práctica debe ser suave y nunca provocar dolor, ya que si la articulación
se sobresfuerza puede tenerse un resultado contraproducente, generando más
dolor y acelerando la evolución del mal.
En ocasiones pueden aplicarse distintas temperaturas para aliviar
el dolor y la sensación de inmovilidad temporal, pero ello dependerá
de cada caso, pues hay para quienes el frío local puede aliviar el dolor
mientras que para otros el calor es muy eficaz para eliminar rigidez y malestares.
Suele recomendarse calor en las zonas afectadas a la vez que se aplica masaje
para eliminar molestias.
Las medicinas empleadas en la artrosis se utilizan sobre todo
para aliviar los síntomas, sin embargo, los especialistas prefieren recetar
la menor cantidad posible de drogas y ver cuánto pueden mejorar los pacientes
con tratamientos locales orientados a desinflamar y calmar el dolor, pues muchas
veces pueden ocasionar problemas gástricos.
Aunque todavía se estudian y comienzan a aplicar medicamentos
que ayudan incluso a la regeneración del cartílago en casos leves
de artrosis, la mejor manera de retrasar su aparición consiste en emprender
medidas preventivas, autocuidados y el asesoramiento del médico reumatólogo
de manera periódica u oportuna a la menor aparición de los síntomas.