ORTOREXIA: OBSESIÓN POR COMER SANO
Regina Reyna
La enfermedad de moda en Estados Unidos se llama ortorexia,
que no es más que un trastorno alimenticio (al igual que anorexia y bulimia)
en el que hay obsesión por comer sólo alimentos sanos. Aunque
parezca paradójico, esta manía puede rozar el peligro si excede
los límites de la cordura.
Desde hoy puede agregar a su diccionario personalizado el término
"ortoréxico", y con él puede usted identificar a quienes
de manera obsesiva tienen la emergente necesidad de alimentarse únicamente
con comida sana, y si no es así prefieren no hacerlo. Definitivamente
deciden pasar hambre a comer alimentos "impuros", como grasas o carne
en cuyo proceso hayan intervenido pesticidas o herbicidas o cualquier otra sustancia
artificial que pudiera afectar su organismo.
El prejuicio lleva a quienes padecen este trastorno a dejar
de acudir a restaurantes e incluso a casas de familiares y amigos por miedo
a lo que les ofrezcan de comer. Cuando trascienden un nivel como éste,
el sentimiento de culpabilidad lleva a dietas más estrictas e incluso
al ayuno.
Así, la ortorexia no pareciera significar un problema,
pero sí lo es cuando la persona no hace lo posible por sustituir los
alimentos que rechaza por otros que le aporten los mismos complementos nutricionales.
Entonces, las fuertes restricciones que se impone produce carencias de vitaminas,
minerales y proteínas, hecho por el cual empiezan a padecer hipotensión
(presión arterial baja) y osteoporosis, entre otros padecimientos.
¿Nuevo trastorno alimenticio?
Ortorexia deriva de la palabra griega orthos, que significa justo. Pero
es hasta hace unos años que médicos e investigadores contemplaron
la posibilidad de considerar este problema como trastorno relacionado con la
alimentación, como lo hicieron no hace mucho con anorexia y bulimia.
No obstante, los signos y síntomas característicos de éstos
últimos padecimientos se refieren a la cantidad de comida que se ingiere,
en tanto que en la ortorexia se pone más atención a la calidad
de los alimentos.
Quienes se ven más afectadas son mujeres jóvenes,
influenciadas por declaraciones de actrices o modelos famosas que pregonan su
defensa por lo natural, o por ciertos medios de información que irresponsablemente
difunden datos que llaman la atención sin profundizar en los problemas
a la salud. Ejemplo de ello es la ola de noticias que en Europa se publicaron
en torno al tema de las "vacas locas" o los alimentos transgénicos,
que al parecer dieron pie a extremar los cuidados en lo que se come.
Los investigadores en el asunto indican que las justificaciones
utilizadas por los ortorexicos para adoptar este tipo de alimentación
suelen ir desde posturas ideológicas o religiosas hasta creencias irracionales,
propias o provenientes de voceros con poco fundamento científico.
La comida que se permite debe ser orgánica, sin conservadores
ni colorantes, como vegetales o frutas, que deben comerse crudos; se dejan fuera
grasas y carnes. También son parte del ritual obsesivo la forma de preparación
-verduras cortadas de determinada manera- y los materiales utilizados -sólo
cerámica o madera, por ejemplo-. Como se puede ver, los ortoréxicos
suelen pagar precios altísimos por seguir estas normas.
Debe quedar claro que no entran en la categoría de enfermos
de ortorexia quienes siguen dietas vegetarianas o macrobióticas (cuya
intención es, sobre todo, evitar comer carne y sus derivados). Para ser
considerada un problema, la actitud ante la comida debe implicar un efecto nocivo
sobre la vida; lo que sucede en el caso que hemos tratado es que se torna en
problema cuando el obseso prefiere quedarse con hambre antes que comer algo
que no cumple con sus expectativas en cuanto a calidad, cuando pasa día
y noche planificando la dieta, evita a quienes comen de manera diferente o tiene
discusiones acerca de lo que es o no conveniente comer.
Nuestra información no pretende influir en su juicio
sobre lo que debe comer, simplemente se trata de mostrar la realidad de una
situación que empieza a tener gran número de seguidores en algo
que puede poner en riesgo la vida; usted tiene la última palabra.