DESODORANTES, PERFUME PARA EL SUDOR
Sofía Montoya
Aunque útiles durante todo el año, desodorantes
y antitranspirantes son particularmente protagonistas en época de calor
para mantener una imagen de higiene y pulcritud. Sobre su mejor uso y elección,
exponemos a continuación una serie de recomendaciones.
Debido a la competencia que se da en nuestra sociedad, cada
vez más exigente, es muy significativo cuidar la imagen personal para
desenvolvernos lo mejor posible, atendiendo tanto vestimenta, apariencia de
cabello, manos y rostro, como nuestro olor; en efecto, para mucha gente no hay
nada más desagradable que un individuo que, aunque bien presentado, huela
mal. Por eso, es de vital importancia poner atención a las fragancias
y desodorantes que utilizamos, ya que estos productos forman parte integral
de la elegancia.
Primeramente, debemos comprender que la transpiración
es una reacción natural y necesaria que tiene como fin mantener la temperatura
del cuerpo en torno a los 37º centígrados, así como eliminar
algunos desechos tóxicos del organismo. Se estima que una persona adulta
elimina por esta vía entre medio y un cuarto de litro diario de agua
y ácidos secretados por las glándulas sudoríparas, que
son de dos tipos:
- Encrinas, que se reparten en todo el cuerpo (entre 2 y 5
millones), aunque son más comunes en palmas de las manos, plantas de
los pies, axilas, genitales y tórax. Prácticamente sólo
segregan agua que al evaporarse refresca la piel.
- Apocrinas, que tienen su sede en pezones, ombligo y zonas
donde se presenta mayor cantidad de vello (axilas y genitales); secretan grasas
y aminoácidos (porción de una proteína) sobre el folículo
piloso, las que al interactuar con microorganismos que viven comúnmente
en la piel ocasionan mal olor.
En efecto, y contrario a lo que se piensa, el sudor es inodoro;
esto se hace evidente si pensamos en que nuestras manos pueden sudar con frecuencia
en un día caluroso, pero no por ello se percibe mal olor. La diferencia
estriba en el tipo de glándulas y en la acción de la flora bacterial
de la región de la que se trate.
¿Desodorante o antitranspirante?
Entendido lo anterior, podemos explicar que un desodorante, cómo su nombre
lo indica, es un producto que ayuda a evitar que el sudor (principalmente el
de las axilas) adopte mal olor, que se genera cuando los microorganismos que
habitan nuestra piel descomponen las sustancias que segrega el cuerpo; el desodorante
"cubre" el aroma en base a una acción triple:
- Mediante agentes antibacterianos limita el desarrollo de
microorganismos y, por tanto, se impide la degradación del sudor.
- Gracias a sustancias que neutralizan el olor se evita la
degradación química de las segregaciones corporales.
- A través de los perfumes que contienen aportan olor
agradable al cuerpo del usuario.
Por su parte, los antitranspirantes, que también poseen
efecto desodorante, tienen el objetivo principal de evitar que se produzca la
salida del sudor, manteniendo la piel seca. Su ingrediente principal es alguna
sal metálica, generalmente cloruro de aluminio, aunque esto varía
si el producto es spray, roll-on, barra, crema o gel.
A este respecto, han surgido muchas dudas sobre si los antitranspirantes
pueden favorecer la aparición de cáncer, debido a que la retención
de sudor en el organismo genera acumulación de toxinas, que a su vez
favorecerían la mutación de células hasta volverlas cancerígenas.
Dos posturas, hasta el momento irreconciliables, se manifiestan al respecto:
- Unos argumentan que no hay pruebas y que las acusaciones
son descabelladas. Sostienen que si se evita la transpiración en las
axilas, seguramente las sustancias dañinas serán eliminadas
por la orina; asimismo, para garantizar la temperatura ideal del organismo,
la sudoración aumenta en otras partes del cuerpo.
- La contraparte expresa sus dudas basándose en un estudio
alemán realizado en la última década del siglo XX, a
través del cual se ha manifestado la toxicidad del aluminio; dicho
en otras palabras, el problema no sería la acumulación de toxinas
en sí, sino el uso de este metal, que es un cancerígeno reconocido.
Desafortunadamente, no existe todavía una conclusión
que nos permita tomar una determinación, por lo que sólo aconsejamos
que cada persona se guíe en la elección del producto que más
le convenga de acuerdo a sus necesidades corporales: quien suda mucho debe utilizar
desodorantes para evitar alteraciones en la piel debido a obstrucciones en su
mecanismo natural, en tanto que los individuos con poca producción pueden
emplear antitranspirantes. En todo caso, es mejor acudir al dermatólogo
para establecer el uso de uno u otro.
Otros consejos
Para contar con buena presencia en lo que a olores respecta, pueden ponerse
en práctica otras medidas que ayuden a nuestro desodorante o antitranspirante:
- Hay personas que por su naturaleza despiden olores a pesar
del baño, y así, algunos minutos después de la ducha
se presentan resultados indeseables. Esto se soluciona con un jabón
antibacteriano y el uso de camisa y ropa interior de algodón.
- El exceso de desodorantes puede ocasionar olores desagradables,
ya que pueden mezclarse las fragancias y confundirse con las de loción
o perfume.
- Se recomienda utilizar desodorante sólo después
del baño, pero si se requiere y hay que aplicar dos o más veces,
se aconseja lavar antes la región para evitar la proliferación
de bacterias.
- Suspenda el uso de cualquier producto que irrite su piel.
Esperamos que con estos consejos enfrente mejor la temporada
de calor, presentando una imagen impecable y desenvolviéndose sin preocuparse
por este detalle que puede valer una agradable primera impresión.