CUANDO LOS IMPULSOS DOMINAN
Raúl Serrano
Lo hacen como un acto impensado que no se puede detener y que
posiblemente cause daño a uno mismo o a otras personas. Durante el proceso
de consumación, el paciente pasa por tensión, placer, satisfacción
y después arrepentimiento. Si los impulsos nos superan, es necesaria
ayuda especializada para solucionar el problema.
La ciencia médica llama trastornos en el control de impulsos
a la incapacidad para resistir o manejar una incitación que es peligrosa
para otros o para uno mismo. No se sabe a bien cuál es su origen, pero
sí que suele agravarse el problema por el consumo de alcohol, tabaco
u otras sustancias adictivas.
El impulso es una sensación de tensión que se
va incrementando hasta el momento de cometer el acto, para luego experimentar
placer y gratificación o simplemente la liberación de tensión
acumulada, y finalmente verse acompañada de culpa, pena o autorreproche,
aunque es de destacar que no sucede en todos los casos.
Los científicos interesados en el tema han logrado definir
características comunes de quienes padecen esta enfermedad, aduciendo
ser individualistas, tener malas relaciones familiares y dificultad para tomar
decisiones, asimismo, padecen insatisfacción con lo que hacen, son desconfiados
e inseguros emocionalmente, y sus vínculos con la gente son poco satisfactorios;
igualmente, se enojan con facilidad, presentan conducta inmadura y no son capaces
de cumplir con las reglas establecidas.
Como se puede ver, tanto en el contexto familiar como el social
contribuyen al comportamiento autodestructivo, creando un círculo vicioso
que empeora gradualmente la situación, ya que el paciente es capaz de
tener problemas constantes con sus semejantes por sus impulsos incontrolados,
que a su vez le acarrean más tensión que tratará de liberar
a través de su peligroso "hobby".
Es claro que en tanto el enfermo no atienda su problema de fondo,
ocasionalmente será abordado por episodios de pánico y miedo a
enfrentarse consigo mismo, a su vida real, sus problemas, soledad y sentimientos.
El problema toma mayores dimensiones cuando hay episodios de pérdida
del control de los impulsos agresivos, dando lugar a actos violentos, graves
o a destrucción de la propiedad. Lo anterior se conoce como trastorno
explosivo, y en él la agresividad manifestada no es en absoluto proporcional
al motivo desencadenante.
Para dar y regalar
Los siguientes son los tipos de problemas más reconocidos por
la falta de control de impulsos:
Cleptomanía (del griego kleptein,
robar). Compulsión patológica con tendencia irresistible al robo,
generalmente no se lleva a cabo por necesidad y el hecho no tiene finalidad
definida. Dado que los objetos hurtados no son necesarios para el uso personal
ni se toman por su valor, son luego abandonados, regalados, escondidos o, simplemente,
olvidados.
Ludopatía. Impulso
a participar en juegos de apuesta que comprometen y lesionan los intereses personales,
familiares o vocacionales. Los problemas que van surgiendo como consecuencia
del juego tienden a aumentar la propia conducta de seguir jugando.
Piromanía. Tendencia
patológica a la provocación de incendios, de forma deliberada
y consciente en más de una ocasión, conllevando importante tensión
y activación afectivas antes del siniestro con gran liberación
e intenso placer o alivio al encender el fuego, al presenciarlo o al participar
en sus consecuencias. Además, el sujeto suele sentir interés,
curiosidad y atracción por todo lo relacionado, al grado que expresa
su atracción por el fuego participando en programas de prevención,
en forma voluntaria.
Mitomanía. Afección
o enfermedad de la mente que impulsa a la persona a decir mentiras o relatar
cosas fabulosas, en las que generalmente es el personaje principal. La padecen
apostadores, cleptómanos y compradores compulsivos, para quienes pasado
y futuro no existen, y no están en capacidad de aprender de los errores
cometidos anteriormente. Como es de suponerse, tampoco se da cuenta del alcance
de sus mentiras.
Tricotilomanía.
Consiste en la incapacidad para resistir los impulsos de arrancarse el propio
cabello. El individuo experimenta aumento de la sensación de tensión
inmediatamente antes de realizar la conducta consiguiendo una sensación
de alivio o gratificación al arrancarse el pelo. Aunque la parte más
afectada es la cabeza, no tiene que ser sólo ella, sino que puede abarcar
diferentes partes del cuerpo, entre ellas cejas, pestañas, axilas y pubis.
El arrancamiento del pelo predomina más en mujeres, siendo el número
de niños afectados superior al de adultos; es frecuente que el trastorno
vaya asociado a ansiedad, depresión o a morderse las uñas.
Trastorno de la aparición
intermitente. El personaje es impulsivo y agresivo en forma reconocible,
y en ocasiones monta en cólera, dando lugar al asalto y/o destrucción
de la propiedad.
Sádico. Impulso
incontrolado por actuar cruelmente, con violencia desemesurada, siendo sangriento
y duro.
Clastomanía. Obsesión
por romper siempre la ropa de la pareja antes y durante el acto sexual.
Conductor suicida. Sin
pensarlo, el enfermo se convierte en peligroso e incontrolado conductor de automóvil.
Disfruta atropellando a los transeúntes y provocando accidentes.
Homicida serial. El personaje
se convierte en peligroso e incontrolado maniaco homicida en serie. Buscará
un grupo de personas como objetivo de sus asesinatos (prostitutas, niños,
artistas y otros) y actuara en consecuencia.
¿Quién ayuda?
La psicoterapia para modificar la conducta es lo más indicado
en la solución a este padecimiento. Debe orientarse hacia el vacío
existencial que tiene el enfermo, buscando la manera de ser sustituido por actividades
positivas y tranquilas en las que encuentre salud y paz mental.
Técnicas como hipnosis y biofeedback (método en
el que se aprende a controlar estrés, ansiedad y tensión a partir
del conocimiento de las reacciones corporales) suelen dar buenos resultados.
Algunas teorías recientes sobre el tratamiento del control de impulsos
refieren que en estos pacientes es frecuente la ausencia de serotonina, sustancia
que produce el cerebro y que genera sensación de bienestar, la que se
puede obtener mediante antidepresivos; no se ha comprobado que para todo los
casos haya resultados alicientes, pero su aporte podría ser importante.
Además del reconocimiento del problema, disposición
y voluntad de cambio, es muy importante la colaboración de la familia,
mediante comunicación amplia y estimulante, y una relación adecuada
y comprensiva en la que se refuerce positivamente la autoimagen del enfermo.